La cantidad de sufrimiento que sientes es proporcional al nivel de resistencia que pones en la aceptación de tu realidad.

Acepta plenamente y observa, mientras lo haces, realiza tres  respiraciones lentas y profundas y vive en el momento, no pensando en él, sino viviéndolo. Abraza la situación y te dices a ti mismo:  “ Yo no soy esta historia que me estoy contando” y me observo.

Da las gracias a tus pensamientos negativos y reformúlalos dirigiéndolos a objetivos positivos.

Por ejemplo: Voy a dar una charla y tengo pensamientos de que no estoy a la altura y se van a reír de mí… mejor no la hago. Bien, pues dale las gracias a ese pensamiento porque se preocupa por ti, quiere lo mejor para ti y no quiere que te hagan daño, así que se lo agradeces diciéndole que aun  te vas a preparar mejor la charla para estar más brillante en eso que es tu sueño. “Gracias por avisarme para que saque de mi lo mejor.”

Revisa tu círculo de influencia. Si tú no tienes capacidad de influenciar en eso que te preocupa, toca aceptar y enfocarte en lo que si puedes cambiar.

A veces sufrimos por situaciones en las que no tenemos ninguna influencia, no está en nuestra mano poder hacer nada. Solución: salgo de esa preocupación y dirijo mi energía en eso que si puedo cambiar.

Los problemas mentales no pueden resolverse a nivel mental.

Podrás resolverlos mejor si cambias, sales de los pensamientos y  te vas a dar una vuelta, al gimnasio o donde te apetezca. Cuanto más analices y disecciones el problema, más estarás en la mente y menos podrás resolverlo.

Pero si a pesar de estos sencillos ejercicios entras en la espiral de la ansiedad porque no eres capaz de solucionar ese estado de angustia en el que te encuentras y necesitas ayuda, no dudes en ponerte en contacto con nosotros al 658359117 o a info@gmail.com